Consejos para emprender por primera vez: ¿autónomo o sociedad?

15 septiembre
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Consejos para emprender por primera vez: ¿autónomo o sociedad?
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La toma de decisiones a la hora de emprender por primera vez siempre resulta algo complicada. En este sentido, una de las preguntas que siempre planea sobre las personas que deciden poner en marcha su idea empresarial es: ¿es mejor darse de alta como autónomo o resulta más conveniente crear una sociedad limitada? Generalmente, se recomienda la primera opción cuando se está comenzando, ya que implica menos trámites, y a medida que el negocio vaya creciendo y progresando económicamente, crear una estructura societaria más sólida. Sin embargo, cada una de las dos alternativas tiene sus propias particularidades en cuanto a documentación necesaria, tributación, responsabilidades y retenciones.


Documentación necesaria para autónomos o sociedad limitada


Si te decantas por la opción de convertirte en trabajador autónomo, los trámites son muy rápidos y en menos de un día desde la entrega de la documentación requerida, ya podrás comenzar a trabajar de manera legal bajo esta situación. Tan solo es necesario que presentes la declaración censal en Hacienda y que formules tu alta en el Régimen General de Autónomos (RETA) de la Seguridad Social.


Sin embargo, si lo que buscas es constituir una sociedad limitada, tienes que tener en cuenta que te llevará algo más de tiempo. El primero paso es la obtención del certificado negativo que ofrece la Denominación Social en el Registro Mercantil Central con el objetivo de que se demuestre que no existe otra sociedad que haya sido constituida con la misma denominación social que la que tú pretendes crear.


Para construir una sociedad limitada necesitas aportar un certificado bancario que acredite que has realizado un desembolso de un capital mínimo de 3.000 euros. A partir de ese momento, un notario debe redactar y autorizar la escritura en la que se constituye la sociedad. En este documento también pueden figurar, si lo deseas, los estatutos de tu empresa.


En los últimos años, se han producido una serie de cambios respecto a este importe inicial. La nueva Ley de apoyo a los emprendedores ofrece la posibilidad de tener una prórroga en este pago, aunque esa decisión provocará que se limite la retribución anual que llegarán a percibir los socios y administradores de la sociedad. De todos modos, ese pago, tarde o temprano, tendrá que ser realizado.


Una vez firmadas las escrituras, el notario te aportará el CIF provisional de tu nueva sociedad, que no será definitivo hasta que no se encuentre inscrita en el Registro Mercantil. Este proceso puede llegar a prolongarse durante un periodo de quince días hábiles, aunque podrás comenzar a trabajar bajo esta denominación desde la recepción de la copia de la escritura por parte del notario.


Responsabilidades de un autónomo y de una sociedad limitada


En primer lugar, debes conocer que un autónomo tiene una responsabilidad de carácter ilimitado. Esto quiere decir que en caso de pérdidas económicas, tendrá que responder ante las deudas con el dinero que haya invertido en su propio negocio, pero también con sus propios bienes personales, tanto presentes como futuros. Es decir, la deuda se prolongará en el tiempo hasta su finalización.


Por otro lado, la responsabilidad de todos los socios que integran una S.L. es limitada. En caso de deudas, tan solo tendrán que responder con lo que hayan aportado como capital social y nunca con su propio patrimonio personal. También existe la posibilidad de que se constituya una sociedad limitada con un único socio, que recibe el nombre de sociedad limitada unipersonal.


Diferencia entre tipos de retenciones e impuestos


En cuanto a la tributación, no existen diferencias en el gravamen de impuestos que un autónomo y una sociedad limitada deben presentar ante la Seguridad Social. El importe que se debe pagar por cada trabajador, la cuota del IRPF que se retiene en cada una de las nóminas y el IVA, es el mismo en ambas situaciones.


Sin embargo, dentro del terreno fiscal, las S.L. tienen que hacer frente al Impuesto de Sociedades, que supone el 25% de todos los beneficios que se hayan obtenido. En contraposición, un autónomo debe realizar un pago de carácter trimestral que es el resultado de restar los gastos a los ingresos (la cuota que debe ingresar es del 20%, el IRPF se debe declarar anualmente, y durante 2016, el gravamen es del 19%).


En definitiva, ambas opciones son válidas, aunque como hemos comentado anteriormente, cada una tiene sus pros y sus contras dependiendo de la actividad profesional que se vaya a realizar. En principio, si tu facturación inicial va a ser inferior a 40.000 euros anuales, te compensa ser autónomo. Si por el contrario, superas esta cifra, lo más interesante es que valores la opción de constituir una Sociedad Limitada. Cada una de las dos alternativas lleva implícitas una serie de responsabilidades económicas y personales. Lo más recomendable es que sopeses toda la información y apuestes por aquella que más se ajuste a todas tus necesidades, sin ocasionar imprevistos y problemas innecesarios.

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